image La ruta a Ítaca y las dimensiones de la paciencia

EL COMPROMISO DE LA FELICIDAD

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Tengo mi oficina en el viejo casco de Toledo, es llamativo ver cómo la vieja plaza de Zocodover habitualmente llena de paraguas (guías turísticos) rodeados de gente esta prácticamente vacía, mas que con algún lugareño como yo de camino a sus labores.

Son días reflexivos donde el habitual bullicio ha dejado paso al pensamiento. La belleza del silencio me invita a hablar.

El ser humano esta llamado a hacer más bellas todas las cosas, hoy me sorprendía la belleza de tantas miradas tras las ocultas caras.

Incluso hasta comprando se escucha un silencio que invita a reflexionar.

Estas semanas hablando con numerosas entidades sociales detectamos como el COVID está poniendo al límite sus organizaciones, las necesidades se multiplican y sus recursos son incluso menores.

Por otro lado está el mundo empresarial muy preocupado por la viabilidad de sus organizaciones y sus empleados que desde casa, intentan trabajar a un ritmo diferente desde sus nuevos despachos; la cocina, el comedor, la terraza… no hay semana que en nuestras reuniones no se cuele más de un niño. Esto añade un bello humanismo al profesional.

Es tiempo de adaptación y hacer frente a grandes desafíos, es tiempo de repensar y en mi cabeza ruge la necesidad que tenemos de transformar definitivamente la RSE (Responsabilidad Social Empresarial) que actualmente esta casi en su totalidad enfocada a las diferentes vías de filantropía, en una RSE que sea el alma y palanca de nuestras organizaciones.

Tengo la total seguridad de que si ponemos en el corazón del negocio la RSE, habremos dado un paso de gigante en todas las direcciones posibles. Me atrevo a decir qué cambiaríamos el mundo social y empresarial.

Si las empresas logran conseguir mayores beneficios vinculando sus objetivos al apoyo de fines sociales y si las entidades sociales ponen en valor todas sus fortalezas generando nuevos recursos que las permitan no vivir casi exclusivamente de la filantropía, habremos dado un paso definitivo hacía un mundo infinitamente mejor y además, más productivo.

No tengo nada en contra de la filantropía la cual entiendo es una manera “cómoda” del ser humano de desprenderse de algo, ya sea de tiempo, dinero u objetos, y todo desprendimiento produce un bienestar emocional. Pero “dar” nunca se igualará al “darse”, pasamos del bienestar emocional “puntual” a un bienestar “constante”, llamado el compromiso de la felicidad.

Darse implica incorporar en tus habituales acciones del día a día el apoyo a la sociedad. No hablo de un apoyo gratuito, hablo de un apoyo estratégico que te ayude a crecer como persona, a conseguir tus logros a la vez que apoyas a que otros alcancen los suyos.

No te invito a “dar”, te invito a “darte” lo cual te reportará infinitamente mejores resultados.

De portada os he regalado una foto de las vistas desde mi ventana, la belleza de un día lluvioso, donde estamos trabajando para hacer que la RSE sea la mejor herramienta de las organizaciones ya sean empresariales, como sociales.

Antonio Mateo Santana

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