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La ruta a Ítaca y las dimensiones de la paciencia

La ruta a Ítaca y las dimensiones de la paciencia

Los primeros días de enero llegué a vivir a Madrid. Detrás, en Buenos Aires, quedaron los afectos de toda la vida, ese lugar que llamamos la zona de confort, el fútbol con amigos, los encuentros entre semana para juntarnos a comer y tomar algo, los torneos de cartas. Eso que nos aferra tanto a los argentinos, esos vínculos con familia y amigos se resignificaron exponencialmente y fueron motor para dar un nuevo camino de aventura a la vida, lejos de casa.

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La llegada abrió un mundo de oportunidades, desafíos y sueños por cumplir. Viajar, conseguir un buen trabajo, conocer nuevos lugares y hacer amigos, probar toda la comida posible. El cielo estaba despejado, solo quedaba abrir las alas y volar.

En el vuelo, la vida me volvió a cruzar con Antonio. En el primer menú había un par de cafés con una charla sincera y, desde ese momento, empezamos a mancomunar esfuerzos para lograr el crecimiento de Helping by Doing.

Fue por esos días, también, que pasaron dos cosas particulares. Lo que se escuchaba como un virus lejano, que estaba generando cuarentenas y recesión en China, empezó a llegar a Europa. Todavía parecía muy lejano y existía una falsa seguridad de que no iba a afectar nuestro día a día. Menuda historia la que vino después con el Coronavirus. Pero como la vida no saca sin asegurarse de dejarte las herramientas para que superes cualquier desafío, me hizo llegar un poema de Constantino Cavafis dirigiéndose a Ulises en su vuelta a casa.

Ítaca recuerda que más importante que llegar es vivir el camino, aprender del viaje y las aventuras que se presentan. Siempre teniendo el objetivo como horizonte, pero viviendo el andar.

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca

pide que el camino sea largo,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

No temas a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al colérico Poseidón,

seres tales jamás hallarás en tu camino,

si tu pensar es elevado, si selecta

es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los lestrigones ni a los cíclopes

ni al salvaje Poseidón encontrarás,

si no los llevas dentro de tu alma,

si no los yergue tu alma ante ti.

 

Pide que el camino sea largo.

Que muchas sean las mañanas de verano

en que llegues – ¡con qué placer y alegría! –

a puertos nunca vistos antes.

Detente en los emporios de Fenicia

y hazte con hermosas mercancías,

nácar y coral, ámbar y ébano

y toda suerte de perfumes sensuales,

cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias

a aprender, a aprender de sus sabios.

 

Ten siempre a Ítaca en tu mente.

Llegar allí es tu destino.

Mas no apresures nunca el viaje.

Mejor que dure muchos años

y atracar, viejo ya, en la isla,

enriquecido de cuanto ganaste en el camino

sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

 

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.

Sin ella no habrías emprendido el camino.

Pero no tiene ya nada que darte.

 

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.

Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,

entenderás ya qué significan las Ítacas. 1

 

El estado de alarma en España, que trajo consigo las restricciones para circular y un parate fuerte en la economía, congeló los proyectos que estaban en marcha. Cuando estaba todo listo para arrancar, incluido un proceso de replanificación y crecimiento, la ruta a Ítaca dio un giro un poco más largo.

Cada uno tiene su propia Ítaca y, si bien la lluvia puede mojarnos a todos por igual en el andar, cada uno recorre su camino. Entender cuál es mi Ítaca es un capítulo aparte que extendería mucho este escrito. En lo que me quiero detener es en un valor que me dio mucho trabajo en estos días de “distanciamiento social”, la paciencia.

Cuando hablamos y pensamos sobre la paciencia, por lo general, la entendemos como una herramienta de defensa para no perder el equilibrio emocional con el mundo que nos rodea. Si algo desde afuera me molesta, debo tener paciencia para que no me afecte. Ante una fuerza externa perturbadora, respiramos hondo, contamos hasta diez, invocamos a la diosa de la paciencia y nos defendemos. Nuestra estabilidad emocional (marcada por un sano optimismo, buen humor y equilibrada ambición) es el preciado bien que tenemos que defender. No vaya a ser que sufra algún golpecito.

Pareciera que el problema es siempre del tercero, o de la situación tercera cuanto menos. Paciencia. Paciencia que todo pasa y, tarde o temprano, llegará mi oportunidad.

Ahora bien, estar encerrado me planteó ante una dimensión mucho más introspectiva y, siendo sincero, también mucho más cruel. ¿Qué pasa cuando tenemos que ser pacientes con nosotros mismos? ¿Cómo reaccionamos cuando ese tercero pasa a ser uno y la situación no es más que mi yo encontrándose conmigo mismo?

Permítanme desconfiar de quien no se haya encontrado, estos días de aislamiento, pensando “no me tolero ni yo”.

Pero, como dije antes, la vida no nos pone frente a desafíos sin darnos las herramientas para superarlas. Es en ese momento de chocarnos con nosotros mismos, cuando ingresamos a una dimensión más profunda y personal de la paciencia. La paciencia con uno mismo.

El ejercicio de aceptar las emociones propias lleva a un camino de conocimiento personal más profundo. Una gimnasia que nos acrecienta la inteligencia emocional. Conocernos para saber cómo reaccionamos frente a determinadas situaciones, aprender de ellas y usarlas para potenciar nuestras virtudes. No con ansiedad. No con la intención de que el aprendizaje y su aplicación sea inmediato. Sino con la tranquilidad de que mi relación conmigo mismo encontrará el terreno propicio para caminar a paso más firme que antes. Bienvenidos los momentos donde pude aceptar mi desgano, ser auto tolerante con el mal humor y abrazar la tristeza. Bienvenido también el momento en donde acepté que todas esas emociones estuviesen en una montaña rusa junto con optimismo, positividad y esperanza.

La paciencia con uno mismo, aceptarnos en nuestras propias emociones y formas de ser, nos refuerza las bases de nuestra paciencia con el entorno. Nos quita ansiedad sobre el contexto que nos rodea porque nos nutre de autoconocimiento, nos acrecienta la confianza de que somos capaces de todo con nuestras virtudes.

Y no solo eso, sino que nos deja volver a entender que más importante que llegar a la meta es recorrer el camino. Ítaca nos está esperando, no apuremos el camino.

Lucas Hunter

Mayo 2020

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1.- Pueden encontrar Ítaca de Constantino Cavafis junto con un breve e interesante análisis en: https://culturainquieta.com/es/inspiring/item/12984-itaca-un-poema-nos-recuerda-que-el-viaje-es-mas-importante-que-la-meta.html

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